Le hemos visto las orejas al lobo
oculto tras la cortina.
Vuestro discurso suena
como el gemido de un perro moribundo.
Todo un escaparate de palabras vacías
que ocultan una trastienda
de opresión y eugenesia.
Pero las marionetas no entretienen tanto
cuando descubres los hilos
que las controlan.
Representáis un guión
que otros os susurran
escondidos entre bambalinas.
Pero el espectáculo debe llegar a su fin,
haciéndoos desaparecer tras el telón.
Y los aplausos, al fin, romperán el silencio
y vuestros esclavos ya no lo serán más.