domingo, 3 de octubre de 2010

LA RUEDA DEL FRACASO

En los breves cruces de miradas,
que intercambia la gente al pasar,
se percibe la angustia enterrada
bajo la careta de la indiferencia.
En las aulas, hombres derrotados
se esfuerzan en crear frustración
y los aspirantes al fracaso
aprenden el arte de posicionarse
a la cabeza de una vida vacía,
sin esperanza de un futuro distinto.
Veneno en los libros, polvo en los corazones,
fracaso inculcado en pizarras miserables.
Aprendemos a enterrar los sueños
y a adoptar la funcionalidad
como base del comportamiento
que rige nuestras decisiones vitales.
Nos enseñan a hinchar nuestro ego,
y a separarnos de los demás,
levantando con nuestro aislamiento
los sólidos muros de la intolerancia.
Solemos rechazar por sistema
todo aquello que implique cambiar
para bien nuestra triste existencia,
si para ello hay que alterar nuestra rutina.
Educamos a nuestros pequeños
en la terquedad de nuestro error
y es así como, con nuestro empeño,
la rueda del fracaso sigue girando.

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