Tras el discurso imperante de paz social
se dilucida
una amenaza implícita hacia todo aquel
que ose cuestionar la autoridad
de un sistema que se basa en la perversión
de las relaciones
entre individuos capaces de interactuar
libremente y sin supervisión.
Somos totalmente ajenos a la toma
de decisiones
que afectan a nuestras vidas y ni siquiera
podemos levantar la voz
y cuestionar la doctrina que establece
que sólo somos
un ingenuo rebaño que sin dirección
avanza ineludible hacia el caos.
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