¿Cuánto tiempo hemos de resignarnos
a la muerte diaria del silencio y de la soledad,
al trágico desfile de los muertos en vida
que marchan al paso marcado por el tic tac de un reloj,
como un simple engranaje de este mundo mecanizado,
convulso y violento, alienante y autodestructivo?
Un infierno industrial creado como consecuencia
de un sistema tiránico y deshumanizante.
Construido sobre una base podrida por personas
de grandes ambiciones y pequeño corazón.
Nuestro silencio es quien nos condena
a una existencia de mierda
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